sábado, 17 de abril de 2010
Maestra, la ceguera.
lunes, 5 de abril de 2010
Vivir sin miedo, María.
María, tenía cuatro años, el cabello oscuro como su madre y los ojos soñadores de su padre. Podría parecer que no se tiene mucho a que temer cuando se es tan joven. No se conoce conceptos como pedófilo, asesinos, tráficos de personas, explotación infantil, matanzas, bombas atómicas, genocidios. Palabras que dominan la televisión, la radio, la prensa y las platicas de cualquier miembro de la familia.
Sin embargo a María había un terror que le atormentaba más que cualquiera de esas palabras, la muerte. María no sabía cuando llegaría su hora, sólo sabía que le llegaría. Miraba el reloj del kinder una y otra vez, pensando que cada vez le quedaba menos tiempo de vida.
María dejo de comer preocupada por atragantarse con un trozo de pollo, dejo de cantar imaginado que en una nota alta se quedaría sin aire, dejo de correr por el miedo caerse, dejo de ir a la escuela por el medio a cruzar la calle, dejo de ver la televisión por miedo a la radiación, dejo de abrazar a su madre y padre por el miedo a morir con un pulmón perforado en un abrazo de oso.
María no sólo dejo las cosas que quería, si no que dejo de ser María, para convertirse en un mueble más, un ser inanimado con miedo a vivir. Todas las tardes María se paraba en la ventana de su cuarto cubierta por un plástico acolchonado, no fuera a ser la de malas y explotara la ventana. María veía a los niños reír, jugar, ser felices, no entendía porque esos niños eran tan inconscientes y se arriesgaban. Los padres de María, estaba desesperados, la llevaron a muchos doctores, peor parecía que cada vez que salía María su miedo aumentaba. Ya ni siquiera quería ir al baño por miedo a morir en la taza devorada por un caimán de las tuberías.
Una noche María se enfermo mucho y la tuvieron que llevar al doctor, pasaron tres horas, para que la pasaran a consulta, la enfermera la llamo y la llevó a un cuarto tan blanco que los ojos de María no podían mantenerse abiertos, de pronto por el pasillo pasó un hombre, María no lo podía mirar bien por tanta luz, el hombre se le acerco y le dijo: “¿María a que le temes?” a lo que María respondió: “le temo a la muerte.” El hombre suspiro, y le dijo: “María, tu no le tienes miedo a la muerte, tu le tienes miedo a vivir, y al vivir equivocarte. Pero María no hay manera errónea de vivir, si se vive para ti y para los demás por igual manera. Anda María, arroja tus miedos, respira con dicha y ríe con gloria."
María sonrío...y camino hacia la vida.